alien alienado

Música extraterrestre

Jumper

(Imagen extraída de American Dad, la serie donde mejor se puede comprobar lo difíciles que resultan las relaciones entre humanos y alienígenas)

Se puede ser alienígena porque tu ortografía es perfecta, en la era del whatsapp y los autocorrectores que ni siquiera emplean los editores de los periódicos.

Se puede ser alienígena porque practicas un deporte que poca gente comparte contigo y que jamás se retransmite por televisión.

Pero no hay mayor dolor que ser alienígena artísticamente. No poder hablar con nadie sobre tus preferencias musicales o cinéfilas es alienarse aún más de lo normal para un alien (valga la rebuznancia)

Por suerte para un servidor, sus gustos en lo respectivo a las artes gráficas son similares a los de la mayoría de los mortales, aunque ha compartido largas sesiones con cinéfilos de verdad que le han intentado hacer ver el arte en películas mudas surrealistas o comedias sin gracia de mediados del siglo pasado.

No obstante, en lo musical no tengo la misma suerte. Crecí como un humano normal hasta los 13 años de edad (ciclos solares terrestres), escuchando la misma basura que escuchaba el resto del mundo (lo digo desde el respeto hacia el ruido habitual en discotecas y centros comerciales), limitándome a pegar el oído a la radio o seguir las modas. Pero a partir de esa edad, me dio por la música electrónica. Y rápidamente pasé de los temas habituales entre los merodeadores de polígonos y la carne del menudeo y contrabando suelen emitir desde sus coches tuneados hacia una música electrónica “de calidad”. Si es que la calidad musical es algo que uno pueda definir objetivamente.

Ahí comenzó una larga odisea de soledad que ha durado hasta nuestros días. Escuchando programas de música extranjeros que nadie conoce, DJ’s de los que pocos españoles han oído hablar, visitando sites de otros países para encontrar personas con gustos comunes y haciéndose una comunidad de programas de radio online (similares a podcasts) que nadie en tu mismo país conoce.

Es curioso cuando se comparte un tema con un amigo/a de confianza: normalmente suele gustarle, pero en cuanto puede regresa al “mal conocido”: los 40 Principales y allegados. Algunos se declaran rockeros y sólo escuchan temas que contengan guitarras. Otros incomprendidos abogan por el jazz como la música para minorías intelectuales. Y sin embargo hasta esos tienen sus templos musicales.

Pero la música electrónica de calidad se escucha en pocos sitios y ni mucho menos todos los días, dado que la mayoría de las discotecas reproducen música de baile bastante más comercial y machacona. Pero es que además la cultura general al respecto es nula. Prácticamente nadie aprecia la calidad musical de personas que saben diseñar sonidos artificiales desde 0 (un guitarrista sólo produce sonidos de guitarra, un pianista sólo de piano, un compositor de música electrónica hace sonido de cualquier fuente) Tampoco saben valorar el talento detrás de la persona que arregla compases (beats) para que se sincronicen perfectamente con hit hats, snares y otra serie de filigranas que, para qué nos vamos a engañar, el lector de este blog ni siquiera sepa a qué se refieren si no es músico.

Y así es como son ignorados nombres de dioses de la producción musical como Rob Dougan (productor), Matt Darey (DJ y productor), Above and Beyond (DJ y productores, cualquier tema de su sello Anjunadeep suele tener alta calidad), Fernando Ferreyra (DJ), Delerium (productores) y un largo número de artistas de la música electrónica en sus muchos y variados estilos (un universo musical tan vasto como todos los demás géneros musicales juntos, a los que incluso suele reversionar con cierto éxito)

Mi estilo favorito actualmente (pero no el único que me gusta), el deep house, una suerte de mezcla entre música house y chill out que no es ni una cosa ni la otra sino todo lo contrario. Adjunto algunos temas muy recientes de ejemplo, pero tanto su historia como su repertorio es tan variado, incluso sin salir del subgénero, que temo que el lector se lleve una idea equivocada y prefiero que, si siente la más mínima curiosidad, comience a escuchar sesiones de los artistas antes mencionados (suelen durar entre una y dos horas) y vaya asimilando poco a poco la riqueza de sonidos y encontrando, prácticamente a seguro, algún tema que le resulte interesante.

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