alien alienado

Música extraterrestre

Jumper

(Imagen extraída de American Dad, la serie donde mejor se puede comprobar lo difíciles que resultan las relaciones entre humanos y alienígenas)

Se puede ser alienígena porque tu ortografía es perfecta, en la era del whatsapp y los autocorrectores que ni siquiera emplean los editores de los periódicos.

Se puede ser alienígena porque practicas un deporte que poca gente comparte contigo y que jamás se retransmite por televisión.

Pero no hay mayor dolor que ser alienígena artísticamente. No poder hablar con nadie sobre tus preferencias musicales o cinéfilas es alienarse aún más de lo normal para un alien (valga la rebuznancia)

Por suerte para un servidor, sus gustos en lo respectivo a las artes gráficas son similares a los de la mayoría de los mortales, aunque ha compartido largas sesiones con cinéfilos de verdad que le han intentado hacer ver el arte en películas mudas surrealistas o comedias sin gracia de mediados del siglo pasado.

No obstante, en lo musical no tengo la misma suerte. Crecí como un humano normal hasta los 13 años de edad (ciclos solares terrestres), escuchando la misma basura que escuchaba el resto del mundo (lo digo desde el respeto hacia el ruido habitual en discotecas y centros comerciales), limitándome a pegar el oído a la radio o seguir las modas. Pero a partir de esa edad, me dio por la música electrónica. Y rápidamente pasé de los temas habituales entre los merodeadores de polígonos y la carne del menudeo y contrabando suelen emitir desde sus coches tuneados hacia una música electrónica “de calidad”. Si es que la calidad musical es algo que uno pueda definir objetivamente.

Ahí comenzó una larga odisea de soledad que ha durado hasta nuestros días. Escuchando programas de música extranjeros que nadie conoce, DJ’s de los que pocos españoles han oído hablar, visitando sites de otros países para encontrar personas con gustos comunes y haciéndose una comunidad de programas de radio online (similares a podcasts) que nadie en tu mismo país conoce.

Es curioso cuando se comparte un tema con un amigo/a de confianza: normalmente suele gustarle, pero en cuanto puede regresa al “mal conocido”: los 40 Principales y allegados. Algunos se declaran rockeros y sólo escuchan temas que contengan guitarras. Otros incomprendidos abogan por el jazz como la música para minorías intelectuales. Y sin embargo hasta esos tienen sus templos musicales.

Pero la música electrónica de calidad se escucha en pocos sitios y ni mucho menos todos los días, dado que la mayoría de las discotecas reproducen música de baile bastante más comercial y machacona. Pero es que además la cultura general al respecto es nula. Prácticamente nadie aprecia la calidad musical de personas que saben diseñar sonidos artificiales desde 0 (un guitarrista sólo produce sonidos de guitarra, un pianista sólo de piano, un compositor de música electrónica hace sonido de cualquier fuente) Tampoco saben valorar el talento detrás de la persona que arregla compases (beats) para que se sincronicen perfectamente con hit hats, snares y otra serie de filigranas que, para qué nos vamos a engañar, el lector de este blog ni siquiera sepa a qué se refieren si no es músico.

Y así es como son ignorados nombres de dioses de la producción musical como Rob Dougan (productor), Matt Darey (DJ y productor), Above and Beyond (DJ y productores, cualquier tema de su sello Anjunadeep suele tener alta calidad), Fernando Ferreyra (DJ), Delerium (productores) y un largo número de artistas de la música electrónica en sus muchos y variados estilos (un universo musical tan vasto como todos los demás géneros musicales juntos, a los que incluso suele reversionar con cierto éxito)

Mi estilo favorito actualmente (pero no el único que me gusta), el deep house, una suerte de mezcla entre música house y chill out que no es ni una cosa ni la otra sino todo lo contrario. Adjunto algunos temas muy recientes de ejemplo, pero tanto su historia como su repertorio es tan variado, incluso sin salir del subgénero, que temo que el lector se lleve una idea equivocada y prefiero que, si siente la más mínima curiosidad, comience a escuchar sesiones de los artistas antes mencionados (suelen durar entre una y dos horas) y vaya asimilando poco a poco la riqueza de sonidos y encontrando, prácticamente a seguro, algún tema que le resulte interesante.

Síntomas evidentes de inutilidad al volante

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(Nota preliminar: sufro estos síntomas literalmente a diario, es imposible que coja el coche un día sin encontrarme algún analfabeto del volante entorpeciendo mi circulación)

-Circula con los antinieblas encendidos todo el año, aunque luzca el sol o sea una noche despejada, deslumbrando al resto de conductores (no precisamente por su inteligencia).

-Acelera y frena sin necesidad, como si sus pies tuviesen vida y decisiones propias.

-Habla por el móvil al mismo tiempo que conduce, porque se cree que “controla”, mientras circula a ritmo irregular y sin señalizar las maniobras.

-Desconoce la existencia de un “palo mágico” situado junto al volante que permite señalizar los cambios de dirección del vehículo, o bien desconoce la gratituidad de su uso.

-Circula por el carril izquierdo aunque el derecho esté vacío, aunque su velocidad sea inferior a la de vehículos que circulan detrás. Variante: no se aparta del carril izquierdo hasta que el vehículo que circula detrás ha tenido que frenar fuertemente. Supongo que este tipo de seres mononeuronales consideran una “victoria” que su inutilidad haya conseguido entorpecer el tráfico.

-Impide el adelantamiento en condiciones de seguridad (extremo: personas que aceleran fuertemente al ser adelantadas poniendo en peligro la vida del adelantador)

-Circula a velocidades notablemente inferiores a las de la vía. En ocasiones, acelera fuertemente a la llegada a un semáforo en ámbar dejando al vehículo que le seguía pacientemente parado en el semáforo con cara de tonto.

-No cede el paso en las intersecciones, continuando la circulación mirando al frente y esperando “el mejor resultado posible” de su infracción.

-No frena en los pasos de cebra.

-Ignora las líneas que delimitan el carril, especialmente en rotondas.

-Frena en el último microsegundo en el semáforo en ámbar, cuando por velocidad parecía que iba a pasar.

-Frena y acciona el intermitente en el último microsegundo antes de girar.

-Rellena el cristal trasero de su vehículo con toda clase de adornos que, además de mostrar el nulo gusto estético del conductor, impiden una correcta visibilidad y empeoran aún más su ya deficiente habilidad al volante.

-Circula con ciclomotor por autovía (he llegado a ver microcoches de los que se conducen sin carnet circulando a 50 km/h por el medio de la autovía)

-Considera que su bicicleta o moto es indestructible y circula entre los coches poniendo en peligro tanto su integridad física como la chapa de los demás.

-Circula de noche sin encender las luces de su vehículo o sin emplear prendas o elementos reflectantes en bicicleta.

-Aparca en medio de la calle poniendo los 4 intermitentes, pensando que la ley le ampara (tristemente habitual) y sin tener la mínima deferencia hacia el resto de apartar su vehículo acercándolo a la acera. A veces lo hace pese a tener sitio para aparcar 10 metros más adelante.

-Circula con neumáticos en pésimo estado hasta que revientan, con alta probabilidad de accidente grave (muy habitual en camioneros), sin importarle no sólo su seguridad sino la del resto de usuarios de la vía.

-Frena con fuerza cuando ve un anuncio de control de velocidad de la DGT, ignorando que el luminoso no implica que el control de velocidad esté en ese tramo y ninguneando la posibilidad de tener algún vehículo detrás que pueda correr peligro debido a la reducción de velocidad brusca e inesperada.

-Circula por el carril bici ignorando los pasos de cebra para peatones y se introduce en la calzada como si su bicicleta se hubiese convertido en un camión de bomberos con las luces de emergencia encendidas.

-Por último, existe una serie de modelos cuya mera posesión implica que, aunque su dueño no esté cometiendo ninguna infracción en ese momento, existe una alta probabilidad de que esté a punto de cometerla:

  1. Seat León negro o amarillo.
  2. Vehículo con chapa destrozada.
  3. BMW tuneado.
  4. Vehículo con la parte de atrás llena de pegatinas.
  5. Vehículo que se conduce sin necesidad de carnet.
  6. La mayoría de los padres que van a recoger a sus hijos al colegio en un SUV enorme.
  7. La mayoría de las personas mayores a la llegada a una intersección.
  8. La mayoría de los quads.
  9. La mayoría de las motos de alta cilindrada en carreteras de montaña.

Sin rumbo y a la deriva

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Naces.

Creces.

Siendo niño y adolescente, tu vida ha sido decidida de antemano por tus padres y el sistema: debes de dedicarte a estudiar. Pasan los años de colegio e instituto, todo el mundo hace lo mismo que tú y no hay nada con lo que comerse el coco, sobre todo si te va bien en los estudios.

Cuando alcanzas la mayoría de edad, continúas esa carrera educativa en la universidad. No obstante, es posible que a esa edad ya comiences a preguntarte hacia dónde va dirigida tu vida y si esa dirección tiene algo que ver con tus propias necesidades y apetencias personales.

El resto de tu vida, lo más probable es que dediques tu tiempo a esa actividad para la que te prepararon (siempre que tenga salidas laborales, cosa poco habitual en España)

Y finalmente, algún día mueres. Y en tu lecho de muerte quizás te plantees qué has estado haciendo toda tu vida: ¿lo que te apetecía o lo que te habían dicho que tenías que hacer?

La búsqueda de la felicidad es compleja y una de sus ramificaciones es qué hacer para poder vivir de algo que nos haga lo más felices posibles. La cantidad de horas de nuestra vida que dedicamos a la oficina debería plantearnos la cuestión de si nos hace feliz o si encaja con el proyecto de vida que queremos sacar adelante.

El problema es que las alternativas no siempre son fáciles. Se supone que hoy en día, el mero hecho de tener trabajo ya merece una celebración. No obstante, tener trabajo no es un sinónimo de felicidad y dedicarte a algo que te ilusione puede convertirse en una sucesión de retos difíciles de superar. El primero pasa por la autoevaluación, por descubrir qué cosas nos hacen sentir felices y realizados a la par que producir un beneficio económico que nos permita llevar una vida normal. A continuación habrá que estudiar los pasos para conseguirlo: ¿estudiar alguna otra carrera? ¿unas oposiciones? ¿un máster? ¿viajar al extranjero? ¿dejar tu trabajo actual para desarrollarte en una nueva área? ¿dedicar unos meses al autodescubrimiento, sin dedicarse a nada en particular?

Cuando tu única certeza es que lo que estás haciendo no es lo que te hace feliz y que esa situación no parece que vaya a cambiar a corto, medio o largo plazo, la única respuesta clara es que no puedes seguir haciendo lo mismo.

Hay que salir de la zona de confort, lanzarse al abismo… sin morir o arruinarse por el camino. Lo sé, todo esto son tópicos que no definen claramente el camino a seguir, pero estoy metido hasta el cuello en esta situación y quiero pensar que hay alguna salida.

Y es que no hay nada más duro que romper las cadenas en un mundo de personas esclavizadas por sus trabajos, los medios, las modas… y no saber qué hacer con esa libertad.

Puf con Pof

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Cuando uno se adentra en los misteriosos mundos de las páginas de encuentros online espera al menos que su esfuerzo se vea recompensado con creces, pero oiga, la realidad puede ser terca y muy distinta a lo que uno se espera.

Para comenzar, las hembras son a este tipo de páginas el equivalente a la industria del diamante en la vida real: un bien escaso y muy altamente preciado. Eso hace que cualquier chica que quiera subir su autoestima se adentre en estos lares y sea recibida de inmediato por cientos o miles de mensajes de hombres desesperados por conocer pareja. Y aquí ya empieza a torcerse todo, porque la desesperación de la mayoría de los hombres por conocer chicas es tan grande que no precisan foto ni una descripción personal mínima para comenzar a charlar con ellas. Y claro, la mayoría de las mujeres se adaptan a tan bajos requisitos y hacen el mínimo trabajo posible: publican pocas fotos (algunas de ellas suben fotos falsas o retocadas), escasa o nula información sobre sí mismas y las descripciones que dan podrían haber sido escritas por un alumno de primaria con serias discapacidades. Y ojo, esto no es machismo, sospecho que la mayoría de los perfiles masculinos serán iguales o peores.

Quizás sea uno de los pocos hombres que entra a estas páginas buscando algo distinto al sexo casual, pero es extraño encontrar que en la mayoría de los perfiles femeninos las descripciones son tan básicas (o nulas) que difícilmente podrán justificar que estén buscando al amor de su vida. Así que uno llega a la conclusión de que ellas buscan lo mismo que ellos: carne. También es triste encontrar personas que te animan a descubrirlas charlando, como si uno se registrase en esta página para conversar con todas las usuarias, aunque la mayor parte de las conversaciones sean previsiblemente aburridas, superficiales y bastante faltas de sentido.

En un mundo cada vez más alienado no son pocos los que presumen de haber encontrado pareja online. No es malo que se destruya el tópico de que “ligar por internet es para desesperados” pero… en páginas como POF sigue pareciendo que lo es, ya que la mayoría de perfiles de chicas sólo llamarían la atención de alguien profundamente vacío salvo que lo único que le interese sea la fotografía de cabecera, lo que parece ser la norma en las mujeres (muchas advierten de que no hablarán con hombres sin foto) y ahí comienza la segunda parte del problema: las chicas no sólo se niegan a describirse en su mayoría, o aportan descripciones ridículas y genéricas (a veces da la sensación de que se copian mutuamente) sino que no parecen pasar más allá de la fotografía de los chicos, salvo contadas excepciones. De ahí que sus perfiles sean lo mismo. Si bien está claro que la apariencia es importante a la hora de encontrar pareja, el que la mayoría de la gente sólo se fije en eso en un portal que permite conocer mucho más datos de la otra persona da a entender que la mayoría sólo valora el físico o como mínimo sólo valora la apariencia para tener una primera cita en la que realmente se “descubrirá” a la otra persona.

Algunos de los tópicos más habituales en los perfiles femeninos de POF:

  • Soy amiga de mis amigos (¿en serio?)
  • Soy muy bética/sevillista hasta la muerte.
  • Me gusta ir a la playa.
  • Me gusta salir con mis amigos.
  • Si quieres saber algo de mí, escríbeme.

Como se puede observar, ante semejantes cartas de presentación, la mayoría de ellas plagadas de faltas de ortografía que evidencian un desconocimiento absoluto de nuestra lengua, sólo un hombre terriblemente necesitado de sexo o similarmente inculto se pondría en contacto. Pero como comentaba anteriormente, eso parece ser lo que le interesa a la mayoría de los/las inscritas: sexo casual con una persona atractiva, aunque no tenga nada interesante que aportar aparte de carne.

Por lo tanto, si inocentemente te registras buscando una pareja real y seria a largo plazo, prepárate para buscar y buscar durante días, ármate de paciencia y optimismo porque lo vas a necesitar.

No obstante, quiero acabar con un contrapunto positivo. Incluso a pesar de haberme registrado sin fotos he recibido algún contacto. Eso sí, para dar ejemplo he explicado con mucha paciencia y dedicación lo que busco y lo que no busco en una pareja y la mayoría de las personas que me han contactado poco tenían que ver con lo que solicitaba. ¿Será que hay mucho “rebelde sin causa” suelto en nuestro país?

En cualquier caso, Pof es un entretenimiento tan válido como cualquier otro para una aburrida tarde de vacaciones. ¿O acaso es mejor encender la tele o mirar la última tontería que alguien ha compartido en el grupo de whatsapp?

Trascender cansa

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¿Alguna vez te has planteado si tu vida tiene sentido? Vas a trabajar, vuelves a tu casa a descansar, sales con los amigos, en algún momento de tu absurda existencia encuentras pareja y puede que incluso llegues a tener descendencia (siendo mejor o peor padre) y mientras tanto, día tras día, esperas a que llegue el momento de tu muerte… ¿tiene todo ese ciclo algún sentido? ¿Qué le da valor a tu vida? ¿En qué se diferencia tu existencia de la de una hormiga?

Una posible respuesta/escapatoria a esta dura pregunta sería: “tengo la capacidad de sentir y disfrutar de las cosas pequeñas, eso me diferencia de cualquier hormiga”. En parte tiene razón, pero por otra parte esa capacidad no es diferente de la de miles de millones de otros humanos que pueblan el planeta, ese otro “hormiguero” al que todos pertenecemos. ¿Qué te hace especial o diferente? ¿Qué recordarán de ti cuando hayas muerto? Imagina lo que dirán en tu funeral: “Era una persona muy trabajadora” – “Era bueno y cariñoso con su familia” – “Su pareja y amigos nunca le olvidarán”… frases que podrían decir de la inmensa mayoría de los mortales. Frases que seguramente cualquier párroco que oficie funerales se conocerá de memoria.

Entonces, volviendo al pensamiento que nos ocupa: ¿qué le da sentido o valor objetivo a tu existencia? La respuesta es, desde mi punto de vista, la trascendencia. Para mí, trascender es producir algo propio, no consentir ser un receptáculo más de el enorme vacío que inunda nuestra sociedad global. Y por “producir” entiendo crear algo de la nada, algo nuevo, algo que nunca se había visto. La mayoría de trabajos no son productivos en el sentido de que cualquiera puede realizarlos con más o menos formación y en ellos no se desarrolla creatividad alguna. Lo mismo puede decirse de todas las actividades que realiza la gente en su día a día: conducir no es productivo, ver la televisión o navegar por internet no es productivo, incluso aprender cosas de memoria no es productivo salvo que el conocimiento adquirido te ayude a producir algo. Actividades productivas serían, desde mi punto de vista, cualquier actividad artística como dibujar o pintar, componer música propia, escribir, diseñar o realizar alguna invención/descubrimiento que cambie de alguna forma el devenir de la especie de forma más o menos significativa (no necesariamente un gran descubrimiento).

La mayoría de nosotros pasamos por la vida sin pena ni gloria y muchos de los que se llevan esa gloria (políticos, famosos de las revistas del corazón, etc) no son personas que hayan realizado alguna actividad trascendente, que hayan dejado un legado tras de sí con un verdadero peso, algo que cambiará la vida de muchos otros seres humanos o que podrá ser recordado a su muerte. Está claro que mucha gente disentirá de mi opinión: un político, por ejemplo, puede cambiar el devenir de millones de humanos. Y es cierto, pero no va a hacer nada que no hubiese hecho otro político en su lugar, salvo que sea una persona realmente excepcional y llena de talento, con personalidad, principios morales e ideas propias inmutables, un Gandhi, un Luther King… una de esas personalidades que revolucionan la historia, sientan las bases para un cambio de gran calado y que brillan por su ausencia en nuestro panorama político.

Soy bastante escéptico con respecto al sentido de nuestra existencia en general. Soy el primero que piensa que tratamos de racionalizar el caos del universo en vez de aceptarlo como tal: algo sin sentido, incontrolable, que se escapa a nuestro entendimiento. Quizás el único sentido de la vida es tratar de ser felices aunque nada a nuestro alrededor tenga pies ni cabeza. Quizás esa idea de “producir”, “cambiar el mundo” o “trascender” es únicamente una losa añadida a nuestras espaldas para hacernos sentir aún más inútiles e insignificantes de lo que ya somos. Quizás no debemos de mirar por ofrecer un “valor objetivo” a nuestra vida sino por incrementar su “valor subjetivo”, de forma que nos aporte felicidad y plenitud. Así que qué más da si no encontramos la cura para el cáncer o no escribimos la obra literaria definitiva que conmoverá millones de corazones, mientras estemos haciendo cualquier cosa que nos satisfaga y nos llene.

A mí personalmente el concepto de “trascender” o “producir” me cansa sólo de pensar en ello. Así que sin más demora, voy a seguir tirando mi tiempo 🙂

5 claves para una relación duradera

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Muchas veces la gente que acude a mi consulta me pregunta por las claves para una relación estable y duradera. Vale, lo admito, ni soy psicólogo, ni tengo una consulta y nadie (ni siquiera mis amigos) me pregunta una mierda sobre relaciones, pero igualmente voy a aprovechar que tengo un blog para destripar las que para mí son las claves para tener una relación de verdad.  Es decir, algo muy diferente a las relaciones que observamos a diario en las que las personas conviven en pura simbiosis (“me conviene estar contigo”) o sufren de amor pasional (“no nos parecemos nada pero me atraes mucho”).

  1. Atracción física. La atracción es simple y llanamente imprescindible para una relación seria. Si no existe una atracción, es imposible que funcione la relación. Me hace gracia cuando escucho a gente decir que no es necesaria y que sólo una persona “superficial” se fijaría en el físico. Pero resulta que una relación de noviazgo sin atracción es simple y llanamente lo que el resto del mundo llamamos una amistad. A veces ni eso, dado que hay amistades con mucho más contenido que muchas relaciones. Un problema derivado de la falta de atracción, que he visto en algunas parejas, es que en cuanto aparece una persona que es atractiva para una de las dos personas, la pareja se rompe. El segundo problema, que suele aparecer antes, es que las relaciones sexuales y muestras de cariño pueden verse muy limitadas.
  2. Química. La miras y sientes algo por dentro. Hablas con ella y el tiempo se te pasa volando. No puedes evitar sonreír cuando está cerca tuya. De vez en cuando os leéis los pensamientos. Eso es química.
  3. Intereses e ideas fundamentales comunes. Es muy posible tener una relación cortoplacista donde ambas personas sean radicalmente diferentes, y lo digo por (triste) experiencia propia. Pero a largo plazo, siempre hay que tener unos puntos en común sobre los que asentar la relación. Si pasas tus horas de oficina alejado de tu pareja y después incrementas esa separación sin nada interesante que compartir juntos, no estás viviendo una relación, sino una “pose” de cara al público. Pero tranquilo, la mayoría de las parejas lo hacen hasta el día del divorcio. También es complicado mantener una relación cuando se tienen puntos de vista ideológicos opuestos en temas importantes como religión, la posibilidad de tener hijos, etc.
  4. Sensación de admiración y respeto mutuo. ¡Ufff, esta sí que es difícil de encontrar! Alguien que sea capaz de sacar lo mejor de ti. Alguien que te admire y a quien admires. Alguien con quien sientas que es imposible encontrar algo mejor. Alguien que te entienda mejor que nadie. Alguien que, el día que encuentras otra persona más atractiva, o más simpática, ni siquiera te hace plantearte el dejar a tu pareja, porque sabes que holísticamente tiene mucho más en común contigo que cualquier otra persona del planeta.
  5. Amor. He visto y vivido muchas relaciones en las que sólo una de las dos personas amaba a la otra. Si el amor no es correspondido (o es falsamente correspondido, hasta que se demuestra lo contrario) la relación está abocada al fracaso. Cuando digo amor no me refiero a atracción física (punto número 1), sino a sentir un apego lo suficientemente fuerte por la otra persona como para superar discusiones, problemas económicos, terceras personas que se entrometan en la vida de pareja, alejamientos temporales por trabajo, enfermedades de cualquier tipo, etc.

Mi experiencia personal es que es muy difícil integrar todas estas características en una misma pareja. He tenido relaciones con chicas que me resultaban muy atractivas, pero a lo mejor yo a ellas no tanto, o no éramos compatibles por personalidad. He conocido chicas con las que tenía una química brutal, siempre nos lo pasábamos bien y nos costaba separarnos, pero no me resultaban atractivas (en estos casos es difícil mantener la amistad). He amado sin ser amado y he sido amado sin haber podido corresponder. Pero bueno, nunca se sabe cuando te puede tocar la lotería…

No hay huevos

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“No hay huevos” es la frase más peligrosa que contiene nuestra rica lengua. Lo peor que le puedes decir a un hombre que trata de demostrarse a sí mismo continuamente que no tiene miedo a nada. Un arma que debe de ser usada con precaución, dado que la mayor parte de las veces terminará consiguiendo algo sorprendentemente positivo (“jamás pensé que pudiese superar mi miedo a las tarántulas venezolanas”) o negativa (“jamás debí ponerme aquel bañador tan ajustado”)

Sólo hay algo mejor que recibir el “reto” por parte de algún conocido, es el planteárselo uno mismo.

Algunos logros que he conseguido en mi vida siendo retado por amigos… o retándome a mí mismo:

-Ligar con una chica en una discoteca. O al menos intentarlo. Salió mejor de lo esperado para ser mi primera vez (¿o era la segunda?)… pero no, no ligué.

-Tirarme en paracaídas.

-Irme de viaje solo (para mí es un logro a la altura de los demás)

-Hablar con un par de desconocidos a los que acabo de conocer en la calle en una ciudad que no es la mía y terminar pasando la mañana con ellos.

-Plantar cara a un jefe déspota.

-Bañarme desnudo en la playa.

-Quedar con una chica a la que acabo de conocer sin haber dormido por la noche

-Montarme en un toro mecánico sin haberlo visto funcionar, temiendo por la integridad de mi columna vertebral

Calientapo***s y attention-whores

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La evolución no es perfecta y aún existen seres que deberían de haberse extinguido hace milenios. Dentro del género femenino, al igual que en el masculino, existen subespecies vestigiales de un escalón evolutivo inferior que en la sociedad moderna sólo contribuyen a crear situaciones grotescas.

Para el género masculino al que pertenezco, el peor espécimen que uno puede tener la desgracia de encontrase es la calientap*ll** (no me preguntéis por qué pongo tantos asteriscos, llamadlo vergüenza propia). Estos sorprendentes seres se dedican a calentar al género opuesto hasta límites insospechados con el único fin de satisfacer su ego personal a base de asegurar una conquista. Pero ojo, esa conquista no tiene fines románticos o sexuales, es sólo un trofeo que llevarse a casa y colocar junto al resto de trofeos. Así que la pobre víctima de la estafa sentimental se queda destrozada cuando se da cuenta de que ha perdido su tiempo “ligando” con alguien que no quería nada con él.

Una modalidad algo menos extrema de este tipo de terrorismo emocional son las llamadas “attention whores”, que como su nombre indica no son otra cosa que prostitutas de la atención, chicas que hacen lo que sea por no pasar desapercibidas. En este caso no tienen por qué llegar a tontear con chicos (aunque muchas veces lo hacen) pero suelen emplear cualquier ardid a su alcance para que el foco de atención del grupo no se separe de su persona.

Ambas subespecies tienen un punto en común: una muy baja autoestima que se alimenta a base de la atención de los demás.

¿Por qué comento esto? Hace no mucho he visto como un chaval joven se lanzaba hacia uno de estos “errores de la naturaleza” cual mosca lanzándose hacia planta carnívora. Algún día se dará cuenta -como yo lo hice en su día- de que todo el esfuerzo que dedica a intentar relacionarse con ella sólo construye una triste y vacía amistad basada en deseos amorosos irrealizables.

Sobra decir que en el género masculino también existe una amplia gama de infraseres patéticos: los hombres-moqueta (que se arrastran todo el día para ser pisoteados por sus novias-mujeres), los pagafantas (que con tal de estar cerca de hembras se dedican a pagarles todos sus caprichos, aunque después no consigan nada a cambio), los machistas, los ligones de discoteca, los viejos verdes y los chulos de playa/gimnasio, entre otros. Todos hemos sufrido de vergüenza ajena al observar el indigno comportamiento de alguno de ellos.

La probabilidad de encontrar el amor

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Mañana es el día de San Valentín, una festividad enfocada a hacer (más) ricos a muchos negocios y a castigar y hacer sentir un poco inferiores a los que no tenemos pareja.

Conozco mucha gente emparejada, algunos felizmente y otros tratando de aparentar con más o menos éxito que disfrutan de una vida realmente plena. Desde mi punto de vista personal, cuantas más parejas conozco, menos me las “creo”. Donde algunos ven amor, yo en la mayor parte de las ocasiones sólo veo una simbiosis, una especie de emparejamiento de conveniencia en el que ambas personas sacan algún beneficio, aunque en algunos casos el beneficio está claramente descompensado hacia una de las dos personas. Llamadme romántico, pero mi concepto de pareja es tener a mi lado alguien que:

  • Me atraiga tanto físicamente como a nivel de conversación, educación, ideología, etc.
  • Me aporte cosas positivas, es decir, que haga mi vida mejor de lo que es estando soltero (en esto casi nadie se para a pensar cuando mantiene relaciones absurdas).
  • Me quiera y lo sepa transmitir (hay muchas personas con un gran agujero donde debería de existir el alma).

Reunir esos 3 sencillos puntos en una misma persona parece casi imposible. Y es que desde mi punto de vista, encontrar pareja es algo realmente difícil, mucho más de lo que algunos amigos emparejados o pelis románticas quieren hacernos creer. Pero la gran duda es ¿CUÁNTO de difícil? Trataré de responder a continuación con ayuda de las matemáticas y de esta interesante fuente de información (¡gracias wikipedia!).

Vamos a tratar de reducir porcentualmente la cantidad de personas con las que podría tener una relación:

En la actualidad, el 50,58% de la población española es del género femenino. Tenemos un buen equilibrio hombres/mujeres así que redondearé a 50% para facilitar las cuentas. Dado que soy un hombre heterosexual, de entrada mis probabilidades de ligue quedan reducidas a la mitad.

Pero por supuesto, no me liaría con cualquier mujer por el mero hecho de serlo. Para empezar, no me fijaría en nadie fuera de un rango de edad entre los 25 y los 40 años, siendo generoso. Eso me limitaría a un 30% aproximadamente de la población femenina.

Así que aunque acabamos de empezar, mis posibilidades de encontrar pareja ya son bastante bajas: 0,5 x 0,3 = 0,15 (un 15%). Pero tranquilos, que la cosa va a ir a mucho peor 🙂

Por experiencia propia, sé que en cualquier grupo de 10 mujeres, sólo habrá una o dos de ellas que me resulten mínimamente atractivas. Quedémonos con la mejor cifra y digamos que de cualquier grupo de mujeres habría un 20% que despertase mi interés.

Pero me considero un hombre con buen gusto para las mujeres y normalmente cuando una mujer me atrae, ha atraído a muchos otros hombres al igual que a mí y es poco probable que esté soltera. Cifraremos esta difícil cuestión en un 33%: de todas las mujeres guapas en edad cercana a la mía, sólo 1/3 no tienen pareja o están casadas. Vamos a ignorar el hecho de que la mayoría de las guapas solteras acaban de terminar una relación y se encuentran totalmente inestables, tienen alergia desde siempre a las relaciones a largo plazo, son demasiado exigentes (el síndrome del Príncipe Azul, que espero tratar en otra entrada más adelante) o salieron tan mal paradas de su último noviazgo que no quieren ver a un hombre en mucho tiempo.

¿Cómo van los números a estas alturas? Nos quedamos en un 15%, que multiplicado por 1/5 (atractivas para mi gusto personal) y a su vez por 1/3 (solteras) = 1%.

De ellas, vamos a ser muy generosos y suponer que la tercera parte tienen una buena conversación, son simpáticas, entretenidas, no son engreídas a pesar de ser guapas e interesantes, no tienen problemas graves (drogas, desórdenes mentales, etc), no odian a los hombres, buscan una relación seria y tienen una ideología básica similar a la mía (por ejemplo, no podría liarme con chicas de ideología política radical, xenófoba o separatista). 1% x 0,33% = 0,33%.

Pero también hay que tener en cuenta los gustos de la chica en cuestión, porque no gusto a todas las mujeres, ni mucho menos :). No soy modelo ni tengo la tableta de abdominales de Nadal y como todo el mundo tengo mis puntos fuertes y débiles. Seamos de nuevo optimistas como en el resto del análisis y digamos que a estas alturas, la chica (guapa, simpática, soltera, etc) debe de tener muchas cosas en común conmigo y es más probable de lo normal que yo le resulte atractivo. Cifremos en un 50% de probabilidades el hecho de que la atracción sea mutua. Eso dejaría el porcentaje de candidatas a novia en 0,33% x 50% = 0,165% (1,6 de cada 1000 mujeres)

Y ahora viene lo peor. Resulta que no tengo intención de tener hijos, me encanta viajar, hacer vida sana y me apasiona practicar inglés, así como frecuentar grupos para hacer uso de él. De hecho, casi todas las series y películas las veo en inglés. ¿Quién desearía convivir con una persona que tiene tan claros estos aspectos de su vida?.

Vamos a realizar un último esfuerzo de idealismo/optimismo y considerar que:

  • Al 80% de las mujeres les encanta viajar y no tienen problemas de salud/miedos que les impidan hacerlo.
  • Al 70% de las mujeres les gusta llevar una vida sana y activa (ahora está muy de moda), y vamos a ignorar la probabilidad de que su estilo de vida sana y activa pueda ser muy distinto al mío.
  • Al 30% de las mujeres les apasiona practicar idiomas (esto probablemente sea demasiado optimista, aunque con la crisis y la necesidad de mejorar el CV de cara a conseguir un trabajo o posible marcha al extranjero está aumentando)
  • Sin embargo, prácticamente la totalidad de las mujeres a lo largo de su madurez reproductiva sienten la necesidad de ser madres en algún momento. No todas, pero sí una amplia mayoría. Vamos a suponer que el 33% de la población femenina jamás deseará tener descendencia, lo que ya es mucho suponer.

Me voy a quedar con el porcentaje más restrictivo de todos estos, el mínimo, un 30%.

1,6 por mil / 3 = 0,53 por mil.

En el mejor de los casos, haciendo cálculos ridículamente inocentes en su positivismo, 0,5 de cada 1000 personas podrían ser mi próxima pareja. O lo que es lo mismo, 1 entre cada 1000 mujeres. ¡Ya tengo una buena excusa para celebrar mañana mi soltería!

PD. Por si sirve de referencia, esto equivale a la probabilidad de acertar 4 números en la primitiva: 1 entre 1032.

PD2. Sobra decir que los cálculos matemáticos realizados carecen del más mínimo rigor científico, ignoran multitud de factores y no tienen validez alguna más allá de entretenernos.